De raíces africanas y brasileñas y con claras influencias de la cocina marroquí, la gastronomía y en especial la repostería Portuguesa sorprende muy gratamente a todo aquel que la prueba.
Debido a su cercanía geográfica y a su admiración por los maravillosos sabores con los que nos deleita la gastronomía del país vecino, Juan María Gómez, jefe de cocina de la Hospederia Conventual de Alcántara, ha reunido los tres pilares básicos de la cocina portuguesa: mar, campo y montaña, para elaborar este menú que estará presente en el restaurante Kántara durante la primera quincena de Julio:
Menú
Paté de sardinas
Tosta de Queso Azeitao
Ensalada de Sardina Escabechada con Peras
Costillas de Cerdo a la Portuguesa con Patatas Asadas
Sopa de Toffe con Tarta de Cerveza
El precio del menú es de 25,00 € por persona (I.V.A. incluido)
Garantía de calidad, para el cliente y para el establecimiento. Las Hospederías de Extremadura han recibido la “Q” de Calidad Turística Española que concede el Instituto para la Calidad Turística Española, el ICTE, y que supone un reconocimiento al servicio y a la forma de trabajar de las Hospederías.
A partir de ahora, el cliente de Hospederías sabe que en Extremadura se está trabajando por implantar el concepto de calidad en el destino, como destacó la propia Consejera de Cultura y Turismo, Manuela Holgado, que entregó las placas de la “Q” a los Directores de las seis Hospederías.
En el acto de entrega, Holgado mostró públicamente el apoyo decidido de la Junta a la red de Hospederías de Extremadura y afirmó que “se apuesta por desarrollar el concepto de calidad tanto en lo que se refiere a las infraestructuras, a los servicios, como a la atención que se presta al cliente y la oferta de productos y actividades”.
El más beneficiado es el viajero, que encontrará en nuestra región un lugar en el que disfrutar de experiencias, de emociones y de un buen servicio.
Juan María Gómez, Jefe de cocina de la Hospedería Conventual de Alcántara, quiere compartir con todos vosotros la receta de uno de sus postres favoritos:
«Bavaroise de Naranja con Frutos Silvestres»
Ingredientes:
30 gr. de gelatina en polvo
10 huevos
6 naranjas
300ml de nata
150gr de azúcar
Elaboración:
Rallar la cáscara de dos naranjas, exprimir todas las naranjas y reservarlo todo.
En una cazuela al «baño maría» poner los huevos y el azúcar y trabajar a fuego lento hasta que el batidor deje un ligero rastro en la crema, retirar del fuego.
Echar la gelatina en el zumo de naranja, dejarla en remojo 5 minutos y disolverla a fuego suave. Cuando la gelatina esté fría, verterla sobre con los huevos en forma de chorrito fino y mezclar.
Montar un poco la nata en un cuenco e incorporar poco a poco la mezcla anterior.
Dejarlo en un lugar fresco hasta que esté a punto de cuajar, removiéndolo de vez en cuando.
Rellenar las copas y dejarlo que cuaje, decorar con unos frutos rojos y unas tiras de cáscara de limón.
Este postre formó parte del Menú del pasado fin de semana, ¿os animáis a probar el del próximo?
Os recordamos que durante los días 8, 9 y 10 de abril podreis viajar con los sentidos de la mano de Juan María Gómez con sus Menús del Mundo en la Hospedería Conventual de Alcántara.
Te proponemos un viaje por la historia y la leyenda, descubriendo rincones fascinantes en La Raya, un espacio donde la naturaleza indómita, la fuerza del agua, el ingenio de los romanos y la magia de los caballeros templarios se conjugan en paisajes, aldeas y castillos legendarios.
Este post es una colaboración con Isidro García, que comparte con nosotros su conocimiento y experiencia.
Alcántara
Partimos desde la Hospedería “Conventual de Alcántara” para recorrer los 15 kilómetros que separan la localidad de Alcántara de la frontera portuguesa, siguiendo los pasos de una antigua calzada romana (bautizada como “Vía da Estrela”) que atraviesa todas estas tierras en su largo periplo hacia el Noroeste de la Península Ibérica.
Así atravesamos el Tajo por el impresionante Puente Romano de Alcántara, construido con las aportaciones de 11 municipios durante el mandato de emperador Trajano y, tras cruzar la antigua Aduana de Piedras Albas, llegamos al valle del río Erjas, afluente del Tajo y frontera entre España y Portugal a lo largo de 120 kilómetros, donde se sitúa el Puente Romano de Segura, conocido popularmente como “el hermano pequeño del puente de Alcántara”.
Entramos de esa forma en tierras lusitanas, tierras fronterizas que durante la Edad Media pertenecieron a los caballeros templarios, legendarios guerreros de la cristiandad que dejaron su huella en castillos, pueblos y tradiciones.
A 1 kilómetro del puente de Segura transitamos por un pequeño sendero que nos llevó a un impresionante desfiladero, donde las aguas del río lamen los grandes bolos de granito y los buitres sobrevuelan majestuosamente, formando un paisaje sobrecogedor. Es el “Cañón del Erjas” que forma parte del Parque Natural “Tajo Internacional”, un sitio ideal para respirar paz y tranquilidad.
Idanha a Velha
De vuelta a la carretera, continuamos nuestro camino entre dehesas de encinas y alcornoques y, tras un viaje de 25 minutos, llegamos a la aldea de Idanha a Velha (Idaña la Vieja para nosotros españoles) que emerge en el interior del valle del Ponsul, un afluente del Tajo que baña las orillas de esta antigua ciudad romana.
Llegar a Idanha a Velha es realmente sorprendente, puesto que nadie se espera encontrar los restos de una población romana (que en la época de Augusto alcanzó 5.000 habitantes), con su foro, sus termas, su muralla, centenares de inscripciones y lápidas funerarias en medio de la campiña portuguesa. Además, en Idanha a Velha se conserva la única catedral visigótica de toda la Península Ibérica, un gran templo con tres naves, arcos de herradura y enormes columnas de granito, sede del Obispado de Egitania desde el siglo IV d. C. y que se conservó prácticamente intacta a través de los siglos.
En Idanha a Velha también encontramos restos de la dominación templaria. Concretamente, sobre un antiguo templo romano se sitúa la “torre de los templarios” una fortaleza de piedra en la que los caballeros intentaron defender la ciudad durante los ataques almohades del siglo XII.
Antes de salir de esta aldea (ahora sólo tiene 150 habitantes) pudimos visitar un lagar de varas, totalmente restaurado, en la que se molían miles de kilos de aceitunas todos los años para obtener aceite; realmente sorprendente son los dos grandes troncos que servían como prensas y las enormes piedras utilizadas como contrapesos.
Monsanto
Nuestro siguiente destino fue la aldea de Monsanto, el “Mons Santorum” de los romanos, que en 1938 recibió el título de “Aldea más portuguesa de Portugal” y que es considerada por muchos como el pueblo más bello de la Lusitania.
Monsanto está situada en la ladera de un impresionante batolito granítico, surgido de las profundidades de la tierra hace 400 millones de años y que ha sido modelado en formas caprichosas por el aire, el sol, la lluvia y el hielo. Todas las casas, las iglesias, las torres y las calles de Monsanto están construidas en granito y sobre granito, confundiéndose e integrándose perfectamente en el paisaje.
En lo alto de la mole granítica de Monsanto (a 770 metros de altura sobre el nivel del mar) los templarios construyeron una fortaleza inexpugnable, con grandes murallas de piedra y cuatro recintos defensivos, un castillo que jamás fue conquistado y que hoy es el símbolo máximo del poder alcanzado por los caballeros de la Orden del Temple en Portugal.
Las vistas que se disfrutan desde lo alto del castillo de Monsanto son, simplemente, espectaculares: la Sierra de la Estrella, el valle del Tajo, la Sierra de Gata e incluso, en los días claros, la Sierra de Gredos situada a más de 150 kilómetros de distancia.
Penha García
Tras descender de Monsanto, recorremos el último tramo de nuestro viaje hasta la localidad de Penha García, situada en las estribaciones de una sierra repoblada con un bosque de pinos centenarios.
Aquí visitamos, en primer lugar, la última fortaleza de la Orden Templaria (construida en 1295 y abandonada por los templarios en 1307) que es conocida como el lugar donde las águilas hacían sus nidos.
El castillo de Penha García se aúpa en una escarpada pendiente, sobre un impresionante barranco lleno de fósiles marinos (hace 500 millones de años era el fondo marino) atravesado por las aguas bravas del Ponsul y en la que los paisanos de Penha García construyeron varios molinos que hoy en día pueden admirarse como extraordinaria muestra etnográfica.
Termina por hoy nuestra aventura por las tierras de la frontera portuguesa, en la que pudimos conocer una parte realmente interesante de nuestro pasado geológico, paisajístico, histórico y monumental.
Cuenta la historia que las tropas de Napoleón saquearon el Convento de san Benito en la localidad de Alcántara llevándose, entre otras muchas cosas, un recetario…
Una vez que regresaron a Francia, y pusieron estas recetas sobre los fogones, descubrieron que se habían llevado el mejor trofeo de la guerra: la receta de La Perdiz al Modo de Alcántara.
La combinación del foie con la trufa y el exquisito sabor de este plato de caza hacen las delicias de los paladares más exigentes.
Parece que su destino final era volver al sitio donde fue creada y hoy en día podemos degustar este manjar en el Restaurante Kántara ubicado en la Hospedería Conventual de Alcántara.
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