Alcántara
Así atravesamos el Tajo por el impresionante Puente Romano de Alcántara, construido con las aportaciones de 11 municipios durante el mandato de emperador Trajano y, tras cruzar la antigua Aduana de Piedras Albas, llegamos al valle del río Erjas, afluente del Tajo y frontera entre España y Portugal a lo largo de 120 kilómetros, donde se sitúa el Puente Romano de Segura, conocido popularmente como “el hermano pequeño del puente de Alcántara”.
Idanha a Velha
Llegar a Idanha a Velha es realmente sorprendente, puesto que nadie se espera encontrar los restos de una población romana (que en la época de Augusto alcanzó 5.000 habitantes), con su foro, sus termas, su muralla, centenares de inscripciones y lápidas funerarias en medio de la campiña portuguesa. Además, en Idanha a Velha se conserva la única catedral visigótica de toda la Península Ibérica, un gran templo con tres naves, arcos de herradura y enormes columnas de granito, sede del Obispado de Egitania desde el siglo IV d. C. y que se conservó prácticamente intacta a través de los siglos.
En Idanha a Velha también encontramos restos de la dominación templaria. Concretamente, sobre un antiguo templo romano se sitúa la “torre de los templarios” una fortaleza de piedra en la que los caballeros intentaron defender la ciudad durante los ataques almohades del siglo XII.
Monsanto
Penha García
Tras descender de Monsanto, recorrimos el último tramo de nuestro viaje hasta la localidad de Penha García, situada en las estribaciones de una sierra repoblada con un bosque de pinos centenarios. Aquí visitamos, en primer lugar, la última fortaleza de la Orden Templaria (construida en 1295 y abandonada por los templarios en 1307) que es conocida como el lugar donde las águilas hacían sus nidos. El castillo de Penha García se aúpa en una escarpada pendiente, sobre un impresionante barranco lleno de fósiles marinos (hace 500 millones de años era el fondo marino) atravesado por las aguas bravas del Ponsul y en la que los paisanos de Penha García construyeron varios molinos que hoy en día pueden admirarse como extraordinaria muestra etnográfica.
Aquí terminó nuestra aventura por las tierras de la frontera portuguesa, en la que pudimos conocer una parte realmente interesante de nuestro pasado geológico, paisajístico, histórico y monumental.







